Tras décadas de hablar hasta la saciedad de los nacionalismos llamados periféricos, se hace cada vez más evidente que para entender algo de la dinámica política española hay que hablar, también, de otro nacionalismo: el español. Hasta hace bien poco, el nacionalismo español ha sido, tanto en el debate público como en el académico, como el rey desnudo. Estaba allí y nadie osaba ni siquiera nombrarlo. Y se insistía, una y otra vez, en que no existía. Hasta el punto, ciertamente grotesco, de denominarlo no-nacionalismo.
Pero ¿qué es hoy el nacionalismo español? A diferencia de los nacionalismos catalán o vasco, el español rehuye de esta etiqueta, con lo que se hace más difícil identificarlo con claridad. Decía Ernest Gellner, quizás el más influyente teórico contemporáneo de la materia, que el nacionalismo es, sobre todo, un principio político que sostiene que la unidad política y la nacional (en sentido cultural y lingüístico) deberían ser congruentes. Esto es, que el Estado debería coincidir con la nación. Para un nacionalista catalán, vasco o gallego, esto implicaría la construcción de un Estado propio. Para un nacionalista español, en cambio, pasa por afirmar el carácter nacional único de España. Tenemos, pues, una pista importante para identificar tan escurridizo objeto de estudio.
Vayamos un poco más allá. ¿Cómo se expresa, hoy, un nacionalismo español que ya poco tiene que ver con el del franquismo? Es precisamente la ausencia de la grandilocuente retórica nacional franquista lo que lleva a muchos a afirmar hoy su inexistencia. Pero existe. Podemos decir, para sintetizar, que el nacionalismo español contemporáneo tiene una naturaleza dual. Por un lado, se trata de un nacionalismo de Estado como el de cualquier otra democracia occidental de nuestro entorno, que se expresa de modo implícito a través de mecanismos de la cotidianidad. Es lo que se conoce como nacionalismo banal, en la afortunada expresión de Michael Billig. El nacionalismo banal es el de la nación marcada por la bandera que cuelga, inadvertida, en la fachada de los edificios oficiales. Es la nación dibujada en los mapas del tiempo. La que nos recuerda nuestro DNI. O los medios de comunicación, cuando dividen la actualidad entre nacional e internacional, o nos hablan de nuestros deportistas, o nuestra selección, y celebran al unísono los éxitos de la selección española de fútbol, de Fernando Alonso o de Rafa Nadal. El nacionalismo banal español no es ninguna excepción: existe en todos los países de nuestro entorno. Y en algunos, incluso, con mayor intensidad.
Pero el nacionalismo español, hoy, no es solamente banal. A diferencia de lo que pasa en la mayoría de democracias occidentales, en el Estado español existen unos nacionalismos alternativos relevantes que cuestionan continuamente el carácter nacional homogéneo de España. Y frente a estos nacionalismos lo que emerge es algo más que una bandera inadvertida en la fachada de un edificio oficial o una rutina del lenguaje. Hoy existe también un movimiento político, bien definido y articulado, que tiene como prioridad la defensa de la integridad nacional española. Es el españolismo que insiste en que hay una lengua de primera, común y universal, y otras de segunda, locales y particulares. El que rechaza, recorta, recurre y no quiere ni discutir acuerdos mayoritarios de los parlamentos catalán o vasco. Que responde con boicots e insultos a las demandas de mayor autogobierno. Es también el que celebró el desembarco masivo de empresas españolas en Latinoamérica, como una suerte de segunda conquista. Es un nacionalismo que ha diseñado un mapa ferroviario radial y centralizado. Que no quiere que se hable en catalán en TVE o en el Congreso de los Diputados. Que, desde los púlpitos episcopales, proclama la unidad de España como bien moral. Y que tacha de antidemocráticos a quienes plantean, con la fuerza de la palabra y de los votos, proyectos nacionales alternativos.
No cabe duda de que al frente de este nacionalismo se encuentra la derecha española. Tanto en su paso por el gobierno como desde la oposición, el Partido Popular ha alimentado y alimenta un españolismo cada vez más desacomplejado y, a menudo, agresivo. Por cierto, que el giro al centro de Mariano Rajoy, de momento, no parece incluir la moderación en esta materia. Pero no nos engañemos: amplios sectores de la izquierda española no son, ni mucho menos, ajenos a este movimiento. Repase el lector la lista de firmantes del ya famoso Manifiesto en defensa de la lengua común. O bien, hojee un día cualquiera una conocida cabecera de la prensa española, que pasa por portavoz del progresismo oficial. Podrá comprobar cómo, a pesar de una mayor suavidad formal, sus columnistas de referencia y editoriales coinciden en buena parte de los diagnósticos y recetas de este nuevo españolismo.
Hace poco, Joaquín Leguina firmaba en la revista un artículo que bien podría servir como canon del nacionalismo de una parte de la izquierda española. En él, el ex presidente socialista de la Comunidad de Madrid llegaba a tachar de “charnegos redimidos” a José Montilla y a Carme Chacón por su posición respecto a la política lingüística en Cataluña. En un alarde de no-nacionalismo, Leguina mostraba su indisimulada contrariedad por lo que a menudo se interpreta como una traición de buena parte de los catalanes nacidos, o con origen, fuera de Cataluña. Pero ¿no habíamos quedado en que eso de mirar los apellidos y el origen era cosa de pérfidos nacionalistas?
Se trata, en definitiva, de un nacionalismo que, en el mejor de los casos, mira con recelo la pluralidad cultural y nacional del Estado español. Es el nacionalismo de los separadores, más numerosos e influyentes que los separatistas. ¿Era el único posible? Probablemente no. Pero es el hegemónico. Quizás no se trate de algo tan extraordinario, pues en todas partes cuecen habas. Eso sí: el rey va desnudo y es saludable recordarlo.
Y si tiene razón Pasqual Maragall, si no es posible una España compartida por todos y sólo es posible "conllevarse"? Hace unos años, uno aún creía que era posible España como proyecto compartido, pero una y otra vez se nos aparecen "dueños" y nos señalan nuestro lugar en el sótano.
La España actual es vista como la recuperación de la democracia en la forma de una monarquía parlamentaria y del reconocimiento institucional de sus nacionalidades; esos son nuestros rasgos para el mundo. El mundo no sabe que España ya vuelve a discutirse a sí misma; en ese proceso estamos o quizá estuvimos siempre desde que se aprobó la Constitución. Quizá no haya arreglo y vuelvo a la amarga constatación de Maragall que en su día le discutí y hoy ya no me atrevo.
Recientemente, hemos tenido dos lecciones que se complementan, la que nos dio la selección de fútbol y la de un manifiesto en defensa del castellano, al que llaman la lengua "común". Frente a la idea de que la selección española debía levantarse sobre un club de fútbol madrileño, esta selección se formó como un equipo de jugadores de todos los clubes y procedencias, y así se sintió representada de un modo natural gran parte de la población española. Eran jóvenes a los que no les pesaba el temor a la mala suerte histórica, el pesimismo, y simplemente confiaban en su propia capacidad. Seguramente representaban a una generación que no carga tanto con el peso de la memoria y sus heridas ni con las ideologías; sentían que encarnaban a España, no entraron a discutir qué cosa era eso. Hijos de familias modestas casi todos, había madrileños de la periferia nacidos de familia gallega o castellana, había asturianos, valencianos, catalanes..., todos corrían, paraban o sumaban goles para el mismo equipo. A su alrededor, gran parte de la población, aunque sobre todo destacaron los jóvenes, con camisetas rojas y banderas rojo y gualda e himno sin letra. Para ellos, esos símbolos no tenían los significados que les atribuimos desde un lado u otro las personas de otras generaciones; simplemente necesitaban tener insignias y algo para tararear. Fue clara su necesidad, verdadera ansiedad, de sentir identificación y orgullo de grupo, de país, de España. Hubo chovinismo y patrioterismo, claro; también hubo fascistas aprovechando esa emoción, desde luego; pero fue una explosión de energía positiva abrumadora. De juventud.
También hubo quien no comprendió que en esa identificación con la selección no había hostilidad interna y fue incapaz de desear que ganase, prefiriendo que ganase la rusa o cualquiera otra. O quizá temió ese momento catalizador. La ideología separa de la vida.
Ningún jugador tuvo que cambiar su nombre ni dejar su lengua; jugaron con sus nombres catalanes, vascos, castellanos... Funcionó un equipo que aglutinó la diversidad de energías; siendo diversos, se reconocieron unos a otros, respetándose. Esa España funciona, igual que funciona en la economía y en la vida social en general, y en esa selección nos podíamos ver muchísimos, si se nos deja.
Eso hicieron los futbolistas: unir. Pero frente a eso, 20 intelectuales echaron a rular un manifiesto culmen de subjetividad e irresponsabilidad. La subjetividad es lo más natural a los intelectuales puramente de letras; son filósofos y filólogos los que teorizan las naciones y los que mueven las emociones latentes o las estimulan. El Manifiesto de estos nietos de Unamuno es una maniobra faccional y partidista, y como tal es apoyado por potentes agentes; manipula miedos, resentimientos, emociones, y busca provocar respuestas sentimentales y emotivas en todos nosotros. El aprendiz de brujo no teme abrir los frascos de los demonios, goza contemplando el efecto descontrolado de sus acciones.
Ese Manifiesto es una nueva vuelta de tuerca al viejo, falso y aburrido "España se rompe" de la derecha nacionalista española. Cuando un partido suelta momentáneamente el banderín de enganche, otro aprovecha para agitarlo y sacarle partido. Es falso que les preocupe la gramática o la lengua; su objetivo es puramente político, defienden su proyecto nacionalista centralista, usan el castellano como arma de beligerancia y lo dañan gravemente cargándolo de ideología.
Parte de falsedades que llevan tiempo difundiéndose: es falso que el castellano, una lengua en expansión, con unos 400 millones de hablantes y otros 100 que la conocen, peligre. Mucho menos en España, donde su conocimiento es "obligatorio", siendo la única lengua que recibe tal protección del Estado. El castellano, gracias a una política secular de imposición, se extendió al territorio del gallego, catalán, vasco y demás dominios lingüísticos españoles; es así que en los territorios donde los individuos hace dos o tres generaciones eran monolingües en esas otras lenguas, hoy son bilingües o monolingües en castellano.
La política del Estado hizo que hoy todos sepamos hablar y escribir en castellano, aunque tengamos otra lengua por propia. Por eso, hoy los firmantes del Manifiesto pueden llamarla "común", aunque no debieran omitir que es obligatoria. Fuese por la causa que fuese, los hablantes de esas otras lenguas reconocidas en la Constitución disponen de un instrumento impresionante que es el castellano y lo utilizan cuando les hace falta, incluso de un modo habitual. Ese éxito histórico del castellano, además del orgullo de tener por propia una lengua con prestigio y una literatura tan impresionante, debiera bastar para dar sosiego a los monolingües en castellano. ¿Qué más se puede pedir? Pedir más es nacionalismo insaciable, una bulimia que demanda la humillación, la destrucción del otro. Y eso es lo que hace el Manifiesto. Seamos claros, no les basta que todos hablemos castellano; quieren, además, que dejemos de hablar las otras lenguas. En coherencia, los que hacían un tótem de la Constitución pretenden ahora su amputación y la anulación o reforma de los Estatutos en el sentido de sus ideas e intereses. La Constitución es un fruto de la lucha democrática contra el nacionalismo franquista y, con sus defectos, se hizo precisamente para que pudiese coexistir una ciudadanía diversa.
Quien viaje a una ciudad catalana, gallega o vasca verá en castellano prácticamente toda la prensa, la radio, la televisión, las carteleras, oirá a su alrededor el castellano constantemente. El castellano no peligra ahí, lo que corre peligro de desaparición son esas otras lenguas también españolas que están en circunstancias adversas y se enfrentan a una inercia histórica poderosísima. Ésos son los hablantes que ven desaparecer sus lenguas.
Hay actuaciones concretas equivocadas en educación o política de lenguas, tanto por parte de las Administraciones autonómicas como de la central. Pero el cuento de la persecución del castellano es la misma fábula que la de los judíos o los gitanos que asesinan niños; circula bien porque responde a nuestros miedos, en este caso, el miedo del monolingüe al bilingüe. Es una fábula xenófoba, y es xenofobia lo que se hace con las otras lenguas oficiales, se las mantiene ocultas y se busca su desaparición. Se practica la insidia cuando se engrandece cada caso de monolingüe que viviendo en una comunidad bilingüe protesta porque a su hijo... Podremos conocernos y reconocernos mutuamente cuando al fin los medios de comunicación de ámbito estatal permitan que hablen los ciudadanos bilingües, que también son personas y tienen problemas, quejas, derechos lesionados. Incluso tienen hijos, pero nadie les pregunta si a sus hijos...
Desmoraliza definitivamente que un Manifiesto tan faccional, sesgado políticamente e irresponsable que utiliza la lengua para dividirnos cuente con tanta simpatía y complicidad en los medios intelectuales radicados en Madrid; con razón los promotores señalan que es muy "transversal" allí. Lamentable también la minorización y el encerramiento forzado o voluntario de quien lamenta que "no hay intelectuales españoles que nos defiendan de estos ataques". Hemos llegado hasta aquí entre todos, la Física enseña que los vacíos se llenan, unos se refugiaron en ámbitos particulares, otros no construyeron una idea de España democrática y plural, vemos ahora cómo el nacionalismo monolingüe y xenófobo de siempre ocupa el centro y lo ocupa todo. Y no me extiendo sobre el pasmo que provoca la soberbia de unos intelectuales que se creen dueños de España y pretenden echarnos a los que no somos como ellos. A lo peor es cierto y España es suya, Pasqual.
Manifest dels bisexuals», ¡uy, perdón!, de los bilingües. Nosotros los bilingües no entendemos la obsesión de los monolingües, ni su empeño reincidente en manifestar que nuestra bisexualidad, que puede ser vicio, no es otra cosa que vicio. A nosotros, los bilingües nos gustan tanto los chicos como las chicas y estamos hartos de que individuos con complejo lingüístico de Edipo, los menos, o de Electra, los dominantes, nos pregunten continuamente a quién queremos más, si a papá o a mamá. Nosotros los bilingües, ante el Manifiesto por una, grande y libre lengua común, nos sentimos perplejos: tan perplejos como Paqui Viciano cuando, contranatura, le montaron una huelga los constructores.
Nosotros, los bilingües, entendemos que el manifiesto en defensa del castellano no responde a una picazón por el malestar en la cultura ni a una «inquietud estrictamente política», sino a una obsesión psicológica, como la de la anorexia inversa: estando el castellano lustroso y bien cebado, siguen viéndose en los huesos. Nosotros, los bilingües, aunque podríamos guardar silencio, creemos que tenemos la obligación de conocer las lenguas comunes y oficiales del país: las conocemos y las practicamos, incluso cuando alguien nos pide que le hablemos en cristiano, contraponemos nuestra buena y doble educación a su mala educación y le hablamos en cristiano.
Nosotros, los bilingües, entendemos que el Manifiesto por una lengua común es de tontos: no se puede pedir lo que se tiene inexorablemente: una lengua común. Nosotros, los bilingües, entendemos que el manifiesto no se atiene al principio de verosimilitud, en cuanto relato de los hechos realmente existentes, y que, por tanto, su argumentación reposa en una falacia (falacia del hombre de paja: caricaturizar la opinión de un oponente de manera tal que resulte fácil refutarla). Nosotros, los bilingües, como Sanchos, asistimos estupefactos a esta incesantemente renovada lucha de los Quijotes contra los Gigantes.
Nosotros, los bilingües somos una realidad y no tenemos otros problemas que los que generan los monolingües por mantener sus condiciones de dominio lingüístico. Nosotros, los bilingües, tenemos el derecho a ser educados en valenciano, a usar esa lengua común y oficial, a ser atendidos institucionalmente también en valenciano y a que nuestros representantes políticos sepan decir algo más que vixca la mare que mos ha parit. Nosotros, los bilingües, en una situación de atropello lingüístico, no permanecemos neutrales: defendemos la normalidad frente a la beligerancia, el sentido común frente a la razón única, las sendas compartidas frente a las trincheras. Seguiría.
Es conocido el drama que vive la lengua inglesa en el mundo, acosada y despreciada, perseguida descaradamente por los nacionalistas de aquí o allí, sus hablantes encuentran dificultades doquiera van. No menos dramática es la situación de la lengua castellana, ésta en la que escribo, la nuestra, la común. Una lengua que se extendió por el mundo sin imposición y con benevolencia, gracias a que gallegos, catalanes, vascuences y aborígenes americanos deseaban con vehemencia conocerla, hablarla y aún escribirla, abandonando sus torpes e infantiles chapurreos pero que hoy, ¡ay!, vive horas amargas.
Es cierto que nuestros abuelos hablaban la lengua gallega, pero lo hacían sin mala fe, era por ignorancia de la lengua común, la verdadera. Nosotros hoy, gracias sean dadas, hablamos y escribimos correctamente el castellano y nuestros hijos ya saben conjugar el pretérito perfecto, "he dicho", cuando para nosotros, antes, lo perfecto era indefinido, "dije". Desde la secular ignorancia gallega no hemos dejado de progresar, hablaremos al fin como en Chamberí, "el Madrí ha ganao" (repitan). Aunque, por culpa de la dichosa Constitución que reconoce a las nacionalidades históricas y sus lenguas, y de la autonomía aún vigente, nuestros hijos son obligados a estudiar la lengua autonómica, que no es la común. Menos mal que no es obligatorio conocerla, a diferencia de la verdadera. (Generalísimo, vuelve. Estamos huérfanos, a merced de esos nacionalistas. ¡Antes había un solo nacionalismo, el común, y nos bastaba!)
Pero si en la tierriña vivimos cuitas qué no vivirán las personas más sensibles, los mejores, esos intelectuales que padecen en su Madrid las insidias de los insidiosos nacionalistas. Son intelectuales que tienen la piel más sensible, las antenas más alerta y por ello sufren más y detectan antes las asechanzas a la lengua común, la de toda su vida.
Veinte de ellos, sin duda la vanguardia, se han rebelado contra tanto descaro y han levantado la bandera de la verdadera España, la de siempre. "¡No más ultrajes a la lengua común!, ¡Basta ya!", han clamado y exclamado (¿o es "clamaron" y "exclamaron"? Malditos antepasados nuestros que tardaron tanto en pasarse a la lengua común, nos han transmitido sus dudas e incertezas indefinidas).
Y es que viven hostigados. Parece ser que cuando se acercan a un quiosco de prensa en el barrio de Salamanca sólo hallan prensa escrita en lenguas que no son la común. Allí están periódicos deportivos escritos en catalán, ¡condenados polacos!, diarios generalistas escritos en balbuceos vascongados y revistas del corazón en el torpe gruñir de los gallegos, esa habla de pastorcillos apta para hablar a los animales. Cuando encienden sus televisores emergen lenguas no comunes, les resulta imposible oír a un presentador del telediario o a un anunciante en la lengua común, la buena, la nuestra, la verdadera, la de allí. Están invadidos y acosados. Incluso la información deportiva está pervertida por los nacionalistas no comunes, ahí están las selecciones vascas, catalanas, gallegas, con sus banderas y sus exclamaciones autonómicas. ¡Qué decir de las películas, si hasta las americanas las traducen todas al gallego! Cuentan que en la misma Plaza de Colón, ¡insignia de la Hispanidad!, han levantado un gran mástil con las banderas de las nacionalidades. Todo Madrid está invadido de ideología autonómica y no hay taxista que no te hable vasco ni camarero que no te conteste en catalán cuando uno le inquiere en correcto castellano. Si hablas la lengua verdadera te miran mal y te expones a un disgusto, tal es el encanallamiento al que se ha llegado en el odio a nuestra lengua común.
¡Que no sufran en vano! Pues se sacrifican por nosotros para que no recaigamos en los vicios de nuestros abuelos. Ellos, por no ser catalanes, vascos ni gallegos o por serlo pero haberse curado sus antepasados a tiempo, no han heredado nuestras máculas, están limpios. Son los comunes, un ejemplo a imitar. Escuchemos su voz y admiremos su gesto gallardo. Allí están en su Madrid rodeados por autonómicos varios, defendiendo la lengua común, hoy en peligro en el mundo como confirman todas las estadísticas. ¡Héroes solitarios necesitan apoyo! Firmemos y que salgan nuestros vástagos con huchas a la calle para recaudar fondos solidarios (La culpa es de Zapatero, lo sabe bien Rosa Díez).
Cuando, tras el primer debate, la prensa les sacó los colores a los candidatos por la alegría con la que proclamaron mentiras y medias verdades, cabía esperar mayor mesura en el segundo cara a cara. A tenor de lo oído el pasado lunes, José Luis Rodríguez Zapatero, pertrechado con su libro blanco, se ajustó más a la verdad que Mariano Rajoy en sus afirmaciones y acusaciones.
REPARTO DE LA RIQUEZA Rajoy:"La diferencia entre ricos y pobres es hoy mayor" INEXACTO
Los datos son ciertos, pero la conclusión es discutible, porque la encuesta de Eurostat sufrió un cambio metodológico que impide una serie homogénea con los años del 2002 al 2004. En el 2006, el 20% más rico de la población ganó 5,3 veces más que el 20% más pobre, como dijo Rajoy. En el 2005 fue 5,4 y del 2002 al 2004 (no comparables) fue 5,1 veces más; pero en el 2001 (con el PP) fue 5,5. ¿Con qué año comparaba Rajoy?
INMOBILIARIA Rajoy:"El precio de la vivienda subió el 43% con el PSOE" MENTIRA
De acuerdo con los datos del Ministerio de Vivienda, el precio medio de una vivienda pasó de 139.140 euros a finales del 2004 a 187.650 al cierre del 2007, lo que supone un aumento porcentual del 34,8%. Según la misma estadística, en el periodo anterior del Gobierno del PP entre el 2000 y el 2003, el precio medio de un piso en España se incrementó el 49,5% (de 79.218 euros se pasó a 118.467).
DEPENDENCIA Rajoy:"Madrid gasta 700 millones, el Gobierno del PSOE, solo 23" MENTIRA
Los 700 millones son una cifra que engloba todas la prestaciones sociales que ofrece la autonomía madrileña. Tampoco es cierto que el Gobierno central solo haya aportado 23. Fueron 32 en 2007. Pero la peor manipulación es comparar las cifras. Madrid, como otras comunidades, destina una cantidades muy superiores a las del Gobierno porque esta es una competencia autonómica.
EDUCACIÓN Rajoy:"El 'informe Pisa' lo que hace es criticar la LOGSE" INEXACTO
La ley promulgada por Felipe González en 1990 no es solo la responsable de los malos resultados en el informe Pisa del 2006, que evalúa la educación en los países más desarrollados. La prueba se hizo a los alumnos de 15 años con Zapatero en la Moncloa. Pero el PP es responsable de la precaria aplicación de la ley y de la política educativa durante casi 8 de sus 9 años de formación obligatoria.
CONVIVENCIA LINGÜÍSTICA Rajoy:"En Catalunya se multa por rotular en castellano" MENTIRA
"En Catalunya se ha multado a Fincas Nevot con 400 euros por rotular en castellano", afirmó Rajoy, para atizar su argumento de que en Catalunya se vive una grave persecución del castellano. Esta afirmación es totalmente errónea. La ley de política lingüística (1/1998), aprobada durante el Gobierno de Jordi Pujol (CiU), establece en el artículo 31 que "las empresas (...) deben usar, al menos, el catalán en la rotulación". Así pues, nunca se ha sancionado por rotular en castellano, sino por incumplir la ley al apartar el catalán de la relación con el consumidor. En este punto incide también el Estatut del Consumidor de 1993. El Gobierno catalán optó, desde la aprobación de su segunda ley de política lingüística (102 votos a favor, 25 en contra --PP y ERC, por distintos motivos-- y una abstención), por una línea de normalización del catalán de carácter no coercitivo y no priorizó la actividad sancionadora, que está en manos de la Agència Catalana de Consum. Esta valora la presencia del catalán como un servicio más a los consumidores, y sanciona los incumplimientos respecto a la lengua como lo hace con otras infracciones en materia de consumo. El Govern ha preferido en todo momento facilitar a las empresas las herramientas y el asesoramiento necesario para cumplir con la ley mediante el pacto entre las partes. El fruto ha sido un acuerdo con las principales organizaciones empresariales y asociaciones de comerciantes, y la firma de un gran número de convenios con todo tipo de establecimientos y sociedades. La constatación: solo el 6,8% de expedientes llegó a la fase de sanción en el 2006, con un 1,8% de la cuantía total de sanciones.
MISIONES EN EL EXTERIOR Rajoy:"Zapatero apoyó la guerra de Irak al pedir en la ONU el envío de tropas" MENTIRA
Parecía que Mariano Rajoy estuviera dando una primicia. José Luis Rodríguez Zapatero no se lo podía creer. "¡Decir que yo apoyaba la guerra de Irak después de las decisiones que hemos tomado! Esto sí que va a ser una exclusiva mundial", espetó el socialista. El presidente del PP se metió solito en un barrizal del que no logró salir. Ayer se arrepintió de haber dedicado más tiempo a una guerra ya perdida ante los ciudadanos que a la lucha contra ETA.
En el debate, Rajoy rescató de los archivos la resolución 1546 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, del 8 de junio del 2004, para afirmar lo imposible: "Es usted quien apoyó la guerra de Irak al pedir en la ONU que enviaran fuerzas militares".
La resolución de marras se firmó 15 meses después de la invasión para legitimar la presencia de las tropas --encabezadas por EEUU-- desplegada en el país. Rajoy intentó hacer sangre con uno de los 32 apartados del texto, el que pide a los estados que "presten asistencia a la fuerza multinacional, en particular con fuerzas militares, según se convenga con el Gobierno de Irak". El candidato popular no recordó a los espectadores, evidentemente, que entonces el Ejecutivo de Zapatero reconoció que la redacción del texto no era "cien por cien satisfactoria" (Alfredo Pérez Rubalcaba). Con ese texto, Naciones Unidas intentó dar un amparo legal mínimo a los gobiernos implicados en la caótica y sangrienta posguerra del país, que en aquellas fechas ya había sufrido la revuelta shií de los fieles de Moktada al Sadr.
ECONOMÍA Rajoy:"Mi primera pregunta a usted en el Congreso fue de economía" MENTIRA
Mariano Rajoy proclamó al iniciar el debate que en su primera pregunta parlamentaria al presidente, el 12 de mayo de 2004, ya le había instado a emprender reformas económicas argumentando que "la herencia y la inercia se iban a terminar como así ocurrió". Pero lo que el candidato del PP no se esperaba es que José Luis Rodríguez Zapatero, entre estadísticas económicas y expedientes de regulación de inmigrantes, también llevase en su carpeta una fotocopia de la pregunta citada por Rajoy. Y, tal y como replicó el candidato socialista, el líder popular mintió porque, según consta en el diario de sesiones del Congreso de los Diputados, Rajoy en su primera pregunta a Zapatero le interpeló de manera genérica por su valoración de los primeros días del Gobierno socialista. En esta intervención parlamentaria le reprochó la falta de coordinación entre los diferentes ministerios y, aunque es verdad que entre los ejemplos que citó había alguno económico como el IVA o el cálculo de pensiones, lo cierto es que solo los enumeró y mezclados con otros como la privatización de TVE o el control de los imanes.
Además, a diferencia de lo que Rajoy afirmó en el debate, en esta pregunta parlamentaria no hizo referencia alguna ni a la herencia del PP ni a la inercia de la que, en su opinión, se benefició Zapatero.
INFLACIÓN Zapatero:"Los precios han subido con el PSOE igual que con el PP" INEXACTO
El índice de precios al consumo (IPC) durante esta última legislatura ha subido un 12,3%, si se cuenta desde abril del 2004 a enero del 2008. La legislatura anterior aumentaron el 14,6%, y durante el primer periodo de gobierno del PP lo hicieron el 8,5%. Estas buenas cifras coincidieron con un periodo de bonanza económica, simbolizado en un precio del petróleo por los suelos. Sin embargo, en el 2001, se reformó el modo de calcular el IPC, por lo que los datos del 2001 no serían en puridad comparables con los del 2000. Así, el PP comenzó a gobernar en 1996 con un aumento del IPC del 3,6%, que llegó a marcar 1,8% en 1998. Los dos años de transición, 2003-2004, marcaron un aumento del 3%, hasta el actual 4,3%.
PROGRESO Zapatero:"Hemos superado a Italia en renta per cápita" VERDAD
El presidente del Gobierno aseguró que, con los socialistas, España ha superado a Italia en renta per cápita. Cierto. En el 2006, por primera vez, el PIB por habitante fue de 105,1 --sobre la base 100 formada por los 27 países de la UE--. Este sorpasso, que se mantiene, ha sido posible gracias a un crecimiento superior a la media y, también al italiano. Pero el diferencial positivo que mantiene la economía española no es fruto de los últimos años, sino que viene de antes de los gobiernos del PP. De igual modo, el aumento de la renta per cápita ha sido constante, con la excepción del 2004 y 2005, en los que se estancó; y del 2007 en el que, según las previsiones, perdió fuelle, pero no más que Italia y los socios comunitarios.
PRESUPUESTO Zapatero:"Somos los primeros en dedicar más del 50% a gasto social" INEXACTO
Rodríguez Zapatero sentenció que su Gobierno ha sido "el primero" en la historia en dedicar más de la mitad del presupuesto a gasto social. Rajoy, tajante, le replicó: "falso". La del presidente fue una verdad a medias. Los primeros gobiernos del PP apenas dedicaban 49 céntimos de cada euro público a políticas sociales, pero la situación mejoró en la segunda legislatura (a partir del 2000), en la que se superó el 50%, si bien el concepto de gasto social no es exactamente igual. Zapatero se ha mantenido por encima del 50%. Pero la mejor vara de medir es el esfuerzo en ese capítulo comparado con la UE. De 1996 al 2004, redujo su peso en la economía del 21,9% al 20%, a la cola de la UE. Para la etapa socialista aún no hay datos oficiales.
URBANISMO Zapatero:"El precio del suelo subió un 500% con esa liberalización" VERDAD
Aunque Mariano Rajoy negó que el PP hubiera aprobado ninguna liberalización del suelo, lo cierto es que en 1996, 1998 y el 2000 se aprobaron varias normas con "medidas liberalizadoras en materia de suelo". La más dura fue la ley de 1998 que modificó el régimen de suelo y de valoraciones y que consideró urbanizable todo tipo de suelo que no estuviera protegido por alguna norma. En la explicación de esa ley se afirma que buscaba "una mayor liberalización que incremente su oferta". Según datos de las sociedades de tasación, desde que se empezó a aplicar en 1998, hasta final del 2006 (último dato comparables), el precio de los terrenos urbanos pasó de los 29 euros por metro cuadrado a 179, un aumento del 515%.
POLÍTICAS SOCIALES Zapatero:"Andalucía reconoce 65.000 dependientes, Madrid a 3.000" VERDAD
Las cifras figuran en el registro oficial del Ministerio de Trabajo y no admiten contestación. La acusación que que formula Zapatero en el debate en base a este dato --que las autonomías del PP están boicoteando la aplicación de la ley-- ya pertenece al terreno de lo interpretable, pero parece también avalado por la cifras. Las autonomías son las encargadas de recibir la solicitudes de los aspirantes a recibir los beneficios de la ley de la dependencia, examinarlas y dictaminar al respecto. Que Madrid solo haya acreditado a 3.000, o Castilla y León a 120, ambos gobernados por el PP y Catalunya, con el tripartito, 28.599 y Andalucía (PSOE) 65.000, no parece que pueda explicarse de otra manera que por la falta de voluntad política de las primeras.
INMIGRACIÓN Zapatero:"Hemos acordado las repatriaciones con 10 países" VERDAD
El Ejecutivo socialista ha cerrado esta legislatura 12 acuerdos de distinto carácter con países africanos para asegurarse la repatriación de los inmigrantes sin papeles. El asunto de la cooperación con los países de origen lo trajo a colación el candidato socialista, José Luis Rodríguez Zapatero. "Nosotros hemos firmado una decena de acuerdos con países fundamentalmente del África Subsahariana", declaró el líder del PSOE. Mariano Rajoy le instó a que los enumerara e ironizó sobre si también estaban incluidos en el ya famoso libro blanco. Si Zapatero hubiera sido rápido, podría haber dicho: Argelia, Cabo Verde, Gambia, Ghana, Guinea Bissau, Guinea Conakry, Liba, Mali, Marruecos, Mauritania, Nigeria y Senegal.
SEGURIDAD Zapatero:"La tasa de crímenes es más baja que la media de la UE" VERDAD
Según los datos difundidos por Interior, España tiene una ratio de infracciones penales por 1.000 habitantes --lo que se conoce como tasa de criminalidad-- por debajo de la media de la UE. En 2006 --no se han difundido los datos del año pasado-- la tasa fue de 50,7 delitos por cada 1.000 españoles, casi 20 puntos menos que la media europea. Zapatero tenía por tanto razón, España se sitúa por debajo de países como Francia e Italia.
Sin embargo, el Sindicato Unificado de Policía (SUP) alerta de que los parámetros que se manejan en los diferentes países no siempre están homologados. Y el PP sostiene que Interior no explica de donde se obtienen las cifras que además contradicen los datos de la fiscalía.
Raymon Carver tiene un libro titulado De qué hablamos cuando hablamos de amor, y bien podríamos preguntarnos de qué hablan ciertos políticos de la derecha española cuando hablan de normalidad. Ellos dicen representar a la gente común, la gente de la calle, las personas normales. Pero, ¿sabemos a qué se refieren? Tengo un amigo médico que, en una pausa de su consulta, sorprendió la conversación de dos compañeras. "Hija, le decía una a la otra, hay qué ver que poca gente normal queda en el mundo. Gente como tú y yo, sencilla, sin dobleces". Eran dos auténticas víboras, y cualquier motivo les parecía bueno para maltratar a los pobres pacientes, pero ellas se sentían las últimas representantes de una especie amenazada, la especie de las personas normales y corrientes.
The Beatles compusieron en los años sesenta una canción titulada Eleanor Rigby. En ella hablaban de esa gente que anda por el mundo sin saber adónde ir. Gente solitaria que no entiende gran cosa de lo que les pasa. ¿Se refiere a ella Mariano Rajoy cuando una y otra vez insiste en representar a las personas humildes y sencillas? Pero ¿las personas que acuden a las manifestaciones convocadas por Alcaraz o por monseñor Rouco, y a las que canta el inefable Kiko Argüello, son de verdad así? Sinceramente, no creo que los Beatles, cuando compusieron su hermosa canción, estuvieran pensando en ellas.
Dicen que no se deben mezclar las manzanas con las peras, piensan en crímenes abominables cuando sólo se trata de evitar el sufrimiento de los agonizantes, persiguen las uniones de los que no son como ellos, se oponen a que se impartan en la escuela asignaturas que hablan de los valores democráticos, y quieren impedir a las mujeres que decidan sobre los hijos que, muy a su pesar, no pueden tener. Éstas son algunas de las cosas contra las que se alzan con vehemencia las llamadas personas normales.
Durante el franquismo vivimos una apología semejante de la gente normal. Se nos decía que aquel régimen sólo era implacable con los que tenían algo que ocultar, los que estaban llenos de perversas intenciones; y que la gente sencilla, amante del orden, podía estar perfectamente tranquila. No estoy hablando del pasado, pues tanto Mayor Oreja como Fraga Iribarne han coincidido estos días en celebrar el franquismo como un tiempo de orden y prosperidad. Un tiempo hecho a la medida de los españoles de bien, las familias cristianas, la gente que ama las mañanas soleadas del domingo, ir con los niños de paseo, los amores para siempre, la ropa recién planchada, los sentimientos limpios. Pero ¿esa gente es de verdad tan candorosa y sencilla como ellos mismos aseguran ser?
¿Lo son, por ejemplo, nuestros obispos? Me cuesta reconocerlo, sobre todo cuando pienso en los que conocí en mi infancia y mi adolescencia. Prohibían a las parejas acariciarse, ponían ceniza en las frentes de los niños, impedían a las recién paridas que asistieran a los bautizos de sus hijos por considerarlas impuras. ¿De verdad estas cosas son expresión de un pensamiento lleno de poesía, generoso, sin dobleces?
En su reciente libro de memorias, Esther Tusquets nos cuenta cómo siendo una niña vio arrojar a un conocido miembro de la burguesía catalana la sopera a una pobre muchacha que no le había servido como debía. Y yo pensé al leer estas páginas en una historia de san Agustín. Una noche sintió a un ladrón merodeando en el huerto y se llenó de angustia por que pudiera hacerse daño al volver a saltar en su fuga una tapia tan alta. Pero san Agustín era un verdadero santo: carecía de orgullo y se interesaba hasta por lo que pudiera haber en el corazón de un ladrón. Eso es ser educado, abrir un espacio sin daño donde el otro pueda aparecer y contarnos su historia; un espacio de escucha. San Agustín nunca habría arrojado la sopera a una pobre muchacha, pero tampoco hubiera dado un euro a una periodista incómoda o metido un bolígrafo en el escote de una locutora demasiado sagaz como han hecho insignes representantes del Partido Popular.
Creo sinceramente que los asesores de este partido se han equivocado con el lema de su campaña. Hay otro que les conviene mucho más, y que tomo para ellos del estribillo de una canción que se hizo muy popular hace un par de años. Podría verse la escena del euro o del bolígrafo, o, mejor aún, una grabación de aquella jornada épica en que todo el PP aplaudió a rabiar y entre risas su triunfo en la votación que autorizaba la guerra de Irak (una guerra en la que habrían de morir miles de personas inocentes, y que ha condenado a la barbarie a un país entero) y que enseguida apareciera en la pantalla, en letras azules, junto a su querida gaviota, que, por cierto, no tiene la culpa de nada, el lema que de verdad conviene a sus conductas: "Antes muertos que sencillos".
Los ejemplos podrían multiplicarse. Podría utilizarse la imagen de Arias Cañete haciendo sus recientes declaraciones sobre la bondad de los antiguos camareros; la de ese futuro senador del PP, cuyo nombre he olvidado con gusto, hablando de lesbianas y homosexuales; o la del consejero Lamela reafirmándose en su persecución indigna a un médico que sólo ha cumplido con su deber.
Aún más, ¿se imaginan a una multitud marchando tras los pasos de Alcaraz o de monseñor Rouco al grito de "antes muertos que sencillos?" Sería un espectáculo tan irresistible que sería difícil no terminar sumándose a esa ardiente marea humana.
Quien ocuparía un lugar preferente en medio de ese ardor sería Manuel Pizarro, el fichaje estrella del Partido Popular. Prototipo del hombre común, campechano, que se ha hecho a sí mismo, hace unos días declaró que de pedir algo a nuestro presidente, le pediría la voz de su mujer. Ella canta en un coro y nuestro gran amasador de fortunas, ejemplo moral de tanta gente de bien, le reprochaba que hubiera faltado por esa causa a no sé qué acto oficial. Expresaba así el audaz pensamiento, propio de la más alta escuela de filosofía, de que lo que tiene que hacer una primera dama, en vez de cantar en un coro, es casar a sus hijas en El Escorial. Antes muerto que sencillo, ¿a que también podría rezar así el lema de su campaña?
¿De qué hablamos entonces cuando hablamos de normalidad? No creo que nadie lo sepa. De hecho, lo normal es andar perdido, carecer de certezas, no saber qué hacemos aquí; preguntarse por qué mueren las cosas, los amores se rompen o traicionamos a los que queremos. Ver en las dudas y perplejidades de los otros nuestras propias dudas y perplejidades. Lo normal, si me apuran, es querer cantar en un coro. Reunirse con los que andan tan confundidos como nosotros y ponerse a cantar con ellos la canción más triste que quepa imaginar. Por ejemplo, Eleanor Rigby, esa canción que habla de la gente solitaria, silenciosa y amable.
Para ser sincero, no creo que ese hombre normal al que dicen representar Mariano Rajoy, José María Aznar o Esperanza Aguirre sea una criatura menos fantástica que aquella larga lista de seres desfigurados, vampiros, hombres lobos o mujeres panteras, que poblaban nuestros temores y goces infantiles. Pero ¿saben dónde se juega la diferencia entre unas personas y otras? En el tipo de compañero imaginario que eligen para su corazón. Y qué quieren que les diga, entre ese autosatisfecho e irritable hombre de bien que reivindica nuestra derecha y el hombre de las nieves, me quedo sin dudar con este último. Con mi querido y pobre yeti, mi hermano solitario en el país de las nieves eternas.
Soy un Puto Rojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo, un viejo truhán, capitán de un barco que tiene por bandera un par de tibias y una calavera.