Los que hoy se oponen a que usted,
tenga iguales derechos que yo,
son los mismos que ayer,
se oponían al divorcio (¡que asco de Cascos!).

Se les intentó explicar,
que no era obligatorio,
que seguirían casados.
Pero armaron la de Dios (¡es Cristo, Benito!).

ESTRIBILLO: Son los mismos. No le quepa ni una duda.
Por desgracia. Cambian chaqueta y no muda.
Son los mismos. Ayer y hoy y continúan.
Por mañana. La memoria os denuncia.

Estos de ahora obran igual,
que los que antes boicotearon
el giro copernicano
y el sufragio universal (¡qué robo de votos!).

Si en vez de aquí, fueran de allí,
estos serían partidarios
de lapidar a adúlteras
y a ellos falsos latigazos (¡qué rostro de tongo!).

ESTRIBILLO

Nuestra historia grita que ellos son,
los que daban trabajo, sólo
si certificaba el cura
que eras de “buena conducta” (¡malvado, pecado!).

Miren las hemerotecas hoy.
Allí comprobarán que son,
los que en su día estuvieron
contra la Constitución (¡tu Franqui y mi Consti!).

ESTRIBILLO

Los que hoy dicen: No es de hombres
casar a homosexuales.
Son los que hace unos años
los metían en la cárcel (¡por vagos, maleantes!).

Los mismos que prohibían
leer a Kafka, a Sartre o a Marx,
que todo lo censuraban
por el “bien de los demás” (¡ser libre, que diver!).

ESTRIBILLO

Letra de canción compuesta por Gabriel González, inspirada en un artículo de Juan José Millás (“Avance”, El País, 29-4-2005).

Avances. Juan José Millás

No le quepa la menor duda, amigo: los que hoy se oponen a que usted disfrute de los mismos derechos civiles que yo, sean cuales sean sus preferencias gastronómicas o su orientación sexual, son los mismos que ayer se oponían al divorcio. Y aunque se les intentó explicar entonces que ellos podrían continuar casados, pues no sería obligatorio, armaron la de Dios es Cristo. Todavía los recordamos a las puertas de los grandes almacenes reuniendo firmas en contra del derecho a decidir por uno mismo con quién compartir la vida. Algunos de ellos, como Álvarez Cascos, cuyas homilías en contra del divorcio han pasado a la historia del humorismo universal, se casaron y se descasaron luego de forma compulsiva.

No le quepa la menor duda, éstos de ahora son los mismos que en su día estuvieron en contra del giro copernicano y del sufragio universal. Son los mismos que, si en vez de encontrarse aquí, se encontraran allí, serían partidarios de lapidar a las mujeres adúlteras e infligir cien latigazos falsos al adúltero. Vayan a las hemerotecas, repasen la historia y comprobarán que son los mismos que estuvieron en contra de la Constitución; los mismos que para darte un trabajo te exigían un certificado de buena conducta de tu párroco. Son los mismos que prohibían leer a Kafka, a Sartre, a Marx; los mismos que censuraban las películas, los libros, los periódicos. Estos que dicen que casar a homosexuales no es de hombres, son los que hace unos años los metían en la cárcel.

Ahí tienen a Jeb Bush (por no citar de nuevo a Cascos), partidario de la silla eléctrica y de la cámara de gas, aunque admirador del Papa, frente a quien se arrodilló piadosamente el otro día. ¿Le riñó Benito XVI por matar? ¿Le incitó a la desobediencia civil frente a esas leyes que usurpan una potestad de Dios? ¿Le hizo alguna insinuación relacionada con la checa de Guantánamo? No, no, qué va, todo eso no altera las leyes naturales y por lo tanto no molesta a Dios. Lo que molesta a Dios y a Ana Botella (no sabe uno a quién tener más miedo) es que usted intente ser feliz sin su autorización. No nos equivoquemos, estos que ahora vociferan son los que antes ladraban, así que algo hemos avanzado.

EL PAIS, 29-IV-2005