Dándome animos..........
Tal y como esta el panorama actual, en donde la derecha como siempre y para variar piensa que la democracia es imponer su pensamiento, insultar y desprestigiar, tengo que reconocer que me cuesta no caer en su juego, y .... sin darle demasiadas vueltas más aqui os presento un pequeño fragmento de Victor Alba, que espero que os sirva como a mi para renovar energías....
Los frutos de la izquierda
Se reproducen las páginas finales del libro ¿Dónde está la izquierda? (Barcelona, Editorial Planeta, 1982)
Si la izquierda debe renovar su pensamiento partiendo de cero, si ha de descartar a cuantos son de derecha sin saberlo, si ha de democratizar y libertizar sus propias organizaciones, entonces, ¿para qué queremos la izquierda? ¿No sería mejor iniciar un movimiento nuevo, que no hubiera de librarse de todos esos pesos muertos?
La respuesta me parece simple: la izquierda, antes que un movimiento o una ideología, es una actitud, la inconformista. De ella surgen las organizaciones para expresarla. De ella derivan las ideologías para racionalizada. Aunque se quisiera, no podría renunciarse a este pasado. Una actitud es siempre, quiérase o no, una continuación, aunque haya que pensada partiendo de cero.
La actitud de izquierda, de inconformismo, ha sido fructífera. Lo que hace la vida vivible para los no privilegiados, lo que hoy permite esperar que será mejor en el futuro, se debe a la acción y al pensamiento de la izquierda en el pasado. La derecha, por definición, no cambia nada por propia iniciativa. La evolución de la sociedad es algo de lo que la izquierda no ha estado ausente.
Que no haya destruido sino sólo suavizado la explotación del hombre por el hombre; que no haya hecho imposible, sino sólo más difícil, la opresión de pueblos e individuos, no significa que la izquierda, el inconformismo, haya fracasado.
Conviene señalar los éxitos de la izquierda, desde la enseñanza pública hasta el servicio militar obligatorio, desde el sufragio universal hasta el divorcio y la igualdad legal de los sexos, desde la idea de libertad a la de igualdad, desde los derechos humanos al concepto de pleno empleo, desde la idea de soberanía popular a la de autodeterminación, desde la autogestión a la socialización, porque en la balanza de la historia pesan mucho más que sus fracasos. Conviene destacarlo precisamente cuando es evidente la necesidad de una renovación desde los fundamentos, porque sin la confianza que da tener un pasado fructífero, acaso la renovación no pasara de un revoque de fachada. Con ese pasado detrás, con los problemas del presente delante, con las posibilidades que uno y otros abren, ¿qué inconformista puede sentirse vacilante, tímido o dudar de sí mismo?
Que lo conseguido no haya sido todo lo que se quería significa que queda mucho por hacer, y, por tanto, que la izquierda es necesaria. Que haya habido éxitos y fracasos significa que la acción de la izquierda no se halla escrita en las estrellas o los dogmas, que es resultado de la voluntad de los hombres y no está predeterminada por la historia.
La vida es, a la vez, más fácil y más difícil que en el pasado, los problemas, más angustiosos, y los medios de resolverlos, más complejos. La acción de la izquierda es, pues, más estimulante. Podemos mirar hacia atrás y decirnos: ¡Cuánto se ha hecho! Y creando el porvenir podemos exclamar ¡Cuánto queda por hacer!
Una empresa sin fin
Si queda tanto por hacer, si hay que pensar desechando mitos, fetiches, clichés e hipotecas ideológicas, si se han de buscar soluciones a problemas creados por otros (los capitalistas), si se han de crear los anticuerpos del virus totalitario de que la izquierda es portadora (como cualquier movimiento político) y del de las tendencias oligárquicas (como en cualquier organización), si se ha de rechazar a quienes, disfrazados de izquierda, actúan como derecha, y se han de establecer normas éticas que fijen límites a lo que se puede hacer y señalen lo que no se ha de hacer, por beneficioso que parezca, y si nada de esto es cosa de coser y cantar y todo entraña riesgos, incomodidades y sacrificios, entonces, ¿Por qué emprender este camino? Si ser de izquierdas exige pasar por todas estas pruebas, ¿quién se sentirá tentado a ser de izquierdas? ¿Qué puede atraer hacia una izquierda que ofrece una revisión trabajosa de las ideas cómodas, un rigor inconfortable en la conducta, un rechazo de procedimientos fáciles y una exigencia constante de pulcritud en el pensar y el actuar?
La respuesta es sencilla: el placer. El placer de juzgar lo que se acepta y se rechaza, de estar inconforme con lo que desagrada y de tratar de cambiar aquello que funciona mal, que humilla, oprime o explota. En fin de cuentas, el placer de ser uno mismo y no una copia de otros, de actuar por propia cuenta -junto con muchos otros-, para decidir el propio destino en la medida en que esto en cada caso y lugar es posible. El placer, en suma, de ser amo de sí mismo antes de llegar a ser amo de todo junto con todos.
Este placer es tan intenso, tan indispensable cuando se ha gozado, que asusta a muchos; la penosa preparación para los riesgos que entraña su goce parece agua de rosas comparada con el dolor de dejar las cosas como están, de no contribuir, por poco que sea, a que mejoren.
Ser de izquierdas no es pertenecer a un partido, buscar el poder, querer sustituir la propiedad privada, hacer la revolución o introducir reformas. Esto son solamente medios. Ser de izquierdas es participar en una empresa común -de unos pocos a veces, de muchos en ocasiones-, una empresa que jamás puede considerarse terminada, que debe renovarse sin cesar. Afirmar que la sociedad debe cambiar no es garantizar que los oprimidos no se convertirán en opresores, ni que los explotados de hoy no sean los explotadores de mañana. Pero es apostar a que se logrará fomentar las condiciones para que se desarrolle una sociedad en la que las tendencias del hombre a oprimir y explotar no podrán satisfacerse. Se trata, en fin de cuentas, de que una comunidad entera aprenda a reprobar ciertas conductas y aprobar otras. Decir que esto es soñar equivale a ignorar la historia. ¿Quién aceptaría hoy la esclavitud? Sin embargo, unos siglos atrás, la servidumbre era "normal" y todavía hace un siglo se libró una guerra civil para acabar con la esclavitud.
Hacia esta izquierda, pertenecer a la cual será un placer, se van dando pasos. El análisis del fenómeno comunista es un paso hacia la inmunización contra la tentación dictatorial. La renuncia gradual al Estado filantrópico y a la economía de mercado es un paso hacia la propiedad del hombre por sí mismo. La constatación de que el aumento incesante de la producción no sólo es imposible sino también inconveniente, es otro. Y otro lo será cuando la gente en vez de decir: "Confiamos en vosotros para que resolváis nuestros problemas", exclame: "Confiamos en nosotros para resolver nuestros problemas." Eso será, más que un paso, un salto.
Con el tiempo, se verá la sociedad no como una entidad superior a los individuos, que los condiciona, sino como resultado de la voluntad de los individuos, que la determinan.
Entonces, la izquierda podrá volverse conservadora y dejar el paso a un nuevo inconformismo de esa sociedad nueva. Y una nueva empresa común vendrá a continuar la empresa común, siempre incompleta, de la izquierda de hoy.






pablete dijo
No conocia a Victor Alba, después de leer este resumen, voy a aplicarme y a intentar localizar algún libro de él.
29 Noviembre 2005 | 06:30 PM