Jiménez Lossantos siempre ha querido ser líder en algo, en lo que sea. Lo intentó durante su juventud en el activismo político radical, pero fue rechazado por ser demasiado violento (de ahí su odio a los comunistas). Lo intentó después en el activismo queer de finales de los 70, pero fue rechazado por ser demasiado feo (de ahí su odio a los gays). Más tarde probó a encontrar su hueco publicando ensayos literarios, pero fue rechazado por lo limitado de su estilo (de ahí su odio a los intelectuales). También ha publicado poesía, pero es tan remala que no se han enterado ni sus fans más incondicionales. Por fin encontró su lugar a la sombra de Antonio Herrero, y fue allí donde comenzó a tramar su venganza.

Es su trayectoria personal, por tanto, y no su ideología (ha pasado por tantas que no tiene ninguna) lo que explica el odio tan profundo que transmite. Necesita ser Líder en algo, lo que sea, y no hay camino más fácil y directo hacia el "éxito" (entendido como popularidad) que el insulto, el ataque y la calumnia sistemática. No hay que ser muy inteligente para eso. Basta con carecer de escrúpulos, decencia y sentido común.

Pero lo bueno empieza ahora.

Federico ha logrado por fin que toda España esté pendiente de él. Toda su actividad periodística de los últimos años ha sido una patética y desesperada llamada de atención, y a fuerza de insistir ha logrado lo que buscaba: que le hiciéramos caso.

¿Y ahora qué, Federico? ¿Qué tienes que decirnos? ¿Qué hay detrás de los insultos, el odio, los ataques, las amenazas y el sarcasmo? ¿Qué era eso tan importante, tan fundamental, tan decisivo y relevante que sólo tú conoces y que justifica todo el odio que estás alimentando?

Te escuchamos, nene. ¿Cuál es tu mensaje?

Tú no tienes mensaje, Federico. Tú eres un puto troll. Un parásito triste y acomplejado que vive en la soledad más absoluta y que disfraza de odio su incapacidad para comunicarse con sus semejantes.

No das miedo, Federico. Das pena. Y a partir de ahora vas a dar sólo risa. Eres carnaza para imitadores, para comentaristas satíricos, para analistas de lo bizarro, para sociológos de la basura.

A partir de ahora mismo te has convertido en el protagonista de una ópera bufa destinada a nuestro entrenimiento. Cada ladrido que escupas por tu micro, cada palabra que escribas en tu puto panfleto será una línea más en el guión de una comedia ridícula que controlaremos nosotros, el público feliz del patético drama de tu decadencia.

Entérate, troll: trabajas para nosotros. Tu única misión es divertirnos.

Y lo mejor es que te pagan ellos.

Gracias a delagoleta