Veía en la televisión a los patriotas que tienen declarado el boicot al cava catalán y se me planteó una duda inquietante, muy propia también de estas fiestas: ¿habrá boicot al esquí en Vaquèira y al fin de año en el Vall d'Aran? Comprenderé que busque otro destino el señor Aznar. Todo el mundo le identifica y se expone a que un desconocido le interrogue: "¿Qué haces aquí, habiendo estaciones en territorios que son el orgullo de la unidad de España?" Seguramente se sonrojaría.

Aran tiene un estatus especial dentro de Catalunya. Si la tirantez con un sector de la España dura tuviera que prolongarse, estoy seguro de que los inasequibles al desaliento montarían actos reivindicativos de la secesión aranesa de la jurisdicción catalana. La patria es el lugar donde se nace. Pero para algunas personas es también el lugar donde se esquía o donde se han construido el chalet. Esos araneses ocasionales se contradicen. El corazón les dice que han de secundar el boicot. El cerebro les recuerda que son ciudadanos libres.
Pienso ahora en el amigo que vibraba hace una semana ante el espectáculo del gran despliegue de banderas en la Puerta del Sol. Se emociona ante la enseña gigantesca que mandó colocar el señor Federico Trillo. Me ha llamado por una duda que le preocupa: "¿Es verdad que Catalunya fabrica las banderas rojigualdas?" Le he contestado que todavía es así, pues los chinos no han podido acabar aún con la acreditada industria algodonera del Principado. Le he dejado muy abatido. Lo lamento. La bandera de la Patria, tejida en Catalunya. Quizá el industrial sea de ERC. Ahora soy yo el que tiene una duda angustiosa. ¿Preferiría mi amigo que las banderas flameantes del sábado hubieran salido de una fábrica de la China comunista y atea, que ya no cree ni en Mao?

JOSEP Pernau