Maldito Dakar
Se llamaba Boubacar Diallo, tenía diez años y hasta hace unos días vivía en una aldea entre Guinea y Senegal. El viernes, 13 de enero, el niño Boubacar cruzó como una mañana más las arenas que desde hace milenios han pisado sus antepasados. Sólo que en esta ocasión, un bólido conducido por un tipo de Letonia llamado Saukunus Maris irrumpió en la duna y lo arrolló. El niño Boubacar Diallo voló 50 metros por el aire antes de morir. Es la víctima número 51 de esa carrera colonial, exhibicionista, vergonzosa y esperpéntica que se llama París-Dakar, Lisboa-Dakar o la madre que los parió.
Me pregunto qué pasaría por la cabeza de este niño africano desde que recibió el impacto hasta que se estrelló contra el suelo. Seguramente, que se le había caído la luna encima o que la Gran Catástrofe, de la que le hablaba su abuelo, había sobrevenido, o que sin querer había tropezado en una piedra, o que estaba soñando que volaba? Me pregunto también cómo tratarán esta noticia los periódicos. Espantoso. Los más serios dicen: «El letón Maris no pudo evitar el impacto». Los más canallas silencian el accidente: «El Dakar lo ganará un esquiador».
Sólo pido un minuto de reflexión ¿Es que no es suficiente con haberlos esclavizado, vendido, expoliado, explotado y rechazado a lo largo de siglos? ¿No es suficiente con hacerles llegar nuestro lujo por televisión vía satélite? ¿No nos llega con saber que cada tanto se mueren de hambre? ¿No nos contentamos con ver sus cadáveres en las playas? ¿Nada de todo ello basta como para encima llevarles una muerte gratuita, superflua y fascista -ya está- en forma de caravana hortera de pilotos pijos y aburridos?
Vomito. Pero cúando vuelvo hay otra noticia en el ordenador. En la jornada final del rally, un camión de mantenimiento ha aplastado a una niña de cinco años. Víctima número 52. De ella no hay ni siquiera un nombre. Nadie le rezará un réquiem, ni le cantará un blues. Una niña de cinco años y ya está. Vomito sobre los pilotos y los organizadores, sobre Carlos Sainz y los sucesores de Thierry Sabine, sobre las marcas y los patrocinadores y sobre los políticos que permiten el paso de esta fantochada asesina sobre nuestro suelo. Si fuimos capaces de iniciar desde España el procesamiento de un criminal universal como Pinochet ¿es que no habrá un juez o un fiscal que actúe de oficio para evitar, en nombre de la humanidad, del decoro o, simplemente, de la inteligencia la continuidad de esta carrera de descerebrados? Vomito.




Miguel dijo
Estoy en general de acuerdo con tu post, pero no por ello quiero dejar de decir que es indignante, es más, me resulta nauseabundo que a estas alturas todavía tengamos que aguantar en los telediarios este tipo de "hazañas". Una caravana, una "ciudad errante", la típica parafernalia que acompaña al rally, que llega durante un día al pueblo africano en cuestión y que funciona con su propia agua potable, su café, sus infraestructuras, sus fashion party nocturnas... tú lo has dicho. Una caravana de niños pijos con pasta que pasean sus lujos por delante de los morros de quien no tiene nada. Y pobrecitos, sudan, y se manchan, y se cansan, pero eso sí, pululan con sus séquitos, todos equipados de coronel tapioca desde las cejas hasta las uñas de los pies. Luego, se irán, se llevarán sus lujos, sus motos, y sus fotografías en las que aparecerán de lo más aguerridos ellos, rodeados de niños (todos menos dos, pobres, que cometieron el error de interponerse en su camino) famélicos, niños que pasan hambre, y sed, que no estudian, y que no traspasarán la barrera de los 40 años. Y regresarán a Barcelona, Ibiza, Madrid o Teruel, y se ducharán, se lavarán, comerán como dios, y enmarcarán sus fotos y sus trofeos. Eso sí, el ganador, el Coma ese, dedicó el trofeo a su compañero fallecido.... pobre, un pijo que murió mientras practicaba un deporte de riesgo en el que se gastó mucha pasta a lo largo de su vida. Que les den. Son vomitivos. Para colmo han creado una fundación, la Fundación Dakar, que dicen que construye escuelas y hospitales allá por donde pasa el rally.... me pregunto cuánto durarán esas escuelas y hospitales una vez que el hombre blanco ya no esté allí para hacerse las fotos.
17 Enero 2006 | 10:25 AM