¿Qué propone Rajoy?
EN UNA DEMOCRACIA moderna no pasa un solo día sin que los medios de comunicación publiquen comentarios y reflexiones acerca de los errores e insuficiencias del Gobierno de turno. No se trata de una irrefrenable tendencia a la introspección, sino de un sano ejercicio de autocrítica tendente a mejorar las condiciones políticas y sociales generales, mucho más eficaz que la fácil suposición gubernamental de que todo está bien.
En contraste con esta saludable costumbre democrática, el panorama que presenta nuestro país resulta desolador. En la España de hoy no existe un verdadero debate político, sino alineación de posiciones; la crítica rigurosa ha sido sustituida por la descalificación grosera; el simplismo sectario ha reemplazado al discurso político; los intereses de partido prevalecen sobre los generales y de las viejas reglas sólo subsisten las de la selva.
Son muchos los factores, como diversos los actores, que nos han conducido a esta indeseable situación. Pero entre todos ellos, al PP le corresponde el dudoso honor y la grave responsabilidad de haber instaurado un estilo político que sólo podía conducir -como ha sucedido- a la degradación política que hoy caracteriza a la democracia española.
Primero, desde el Gobierno, de la mano de José María Aznar. Un dirigente que ha ignorado sistemáticamente los límites morales que impone una democracia y que, confundiendo su victoria electoral con un cambio de régimen, despreció siempre el pluralismo y la alternancia democrática. Ahora, desde la oposición, dirigido por Mariano Rajoy, que, fiel al más puro estilo de su predecesor, ha sustituido los datos y los argumentos por la difamación y la criminalización del adversario.
Grotesco, ridículo, payaso, traidor o golpista son los calificativos que recibe a diario el jefe del Gobierno de los dirigentes del PP, en una escalada de despropósitos que no encuentra correspondencia en ningún otro país democrático del mundo. Cada vez que hablan los líderes conservadores, o sus portavoces mediáticos, sólo se escuchan análisis apocalípticos, soflamas incendiarias o terribles anatemas. Pero resulta difícil advertir en sus proclamas indicios de una alternativa política solvente.
Con semejante actitud, por numerosos y graves errores que cometa el Gobierno -y los comete-, Mariano Rajoy está incapacitado para encabezar una alternativa de gobierno en España. Porque aunque al PP le parezca inconcebible, los ciudadanos no queremos retornar a una época -la del aznarismo- en la que la restricción del debate político era norma; en la que el adversario era considerado un enemigo, y en la que expresar un simple matiz con la línea gubernamental era considerado un síntoma inequívoco que anunciaba la reencarnación de la antipatria.
Así pues, en vez de dedicarse a hacer malos chistes y a proferir insultos inaceptables, el presidente del PP debería esforzarse en formular un proyecto político coherente del que hoy, evidentemente, carece. De este modo, al menos, sabríamos qué diablos propone.




jotatrujillo dijo
Lo preocupante es, que no han sabido entender que ya no nos engañan. Parece como si hablaran para los convencidos, o sea , ellos mismos.
No se dan cuenta que la gente va a lo suyo, sin importarles sus apocalípticas diatribas. Están mas pendientes del Barsa, o de quien echan de Gran Hermano, que de sus inventadas catástrofes.
Salud y sonrisas.
21 Enero 2006 | 06:39 PM