NO HAY MANERA
LOS MITOS son imperecederos. La verdad, por el contrario, exige una lucha permanente. La encuesta de ayer nos lleva a plantearnos si la Catalunya estatutaria es un proyecto viable o más vale desistir.
Ahora resulta que no nos quieren. Y eso es grave porque la piel del catalán es enormemente fina. Digan lo que digan los himnos, ya saben, "esmolem ben bé les eines" o "endarrera aquesta gent", la verdad es que el catalán ha venido a este mundo a pasar inadvertido y a mantener un orgullo interior que sólo se desarrolla en la intimidad. El catalán apenas canta en público porque su sentido del ridículo se lo impide. A lo máximo que aspira el catalán es a que el mundo le dé la razón y que llegue aquí un señor de Baden Baden a decirles que realmente somos distintos y que en Catalunya ni matamos a los toros ni nos orinamos por las esquinas. La esencia del catalán no se basa tanto en aquello que somos --que, sin duda somos algo, naturalmente-- sino sobre todo en aquello que no somos.
En estas llega una encuesta que arroja un resultado penoso. A ojos de España hemos suspendido y nos dicen insolidarios. Harían bien los responsables de la AP-2 poniendo en sus cabinas de peaje esa afirmación de que la mayoría de españoles están convencidos de que los catalanes somos insolidarios. Luego bastaría en ir circulando por las autovías gratuitas de casi todo el Estado pidiendo perdón por nuestra insolidaridad. Si algún día --imposible día-- se publican las balanzas fiscales, comprobaremos que en la insolidaria Catalunya se paga más que en otros territorios solidarios y que el coste de la vida de los insolidarios es sensiblemente más alto que el que sufren, supongo que por culpa de los catalanes, otras comunidades autónomas.
Pero las cosas no son como son, sino como parece que son. Y así estamos en el día de hoy, convertidos por obra y gracia de la historia y de un partido político irresponsable, en los culpables del desequilibrio nacional. La verdad no existe. la verdad es estadística. Y si las encuestas dicen lo que dicen habrá que tomárselas en serio. Entre la pedagogía y la demagogia, es evidente que los pedagogos catalanes han perdido la batalla de la imagen. A la vista de la encuesta publicada ayer en este diario no hay muchas diferencias con el sentimiento general que debieron sentir los alemanes de los años 30 respecto de los insolidarios judíos. Así nos ven y así nos han visto. De nada sirve haber hecho las cosas razonablemente bien. Sin armas ni bombas, sin manifestaciones ni broncas. Usando el Parlamento y llevando las conclusiones al Congreso de los Diputados. En algún lugar de Euskadi, ese lugar donde según el presidente, hay motivos para pensar que estamos "ante el principio del fin de la violencia de ETA", alguien debe de estar pensando que si a los catalanes se les dice lo que se les dice utilizando todos los mecanismos institucionales y constitucionales, es evidente que a los vascos ni agua.
O tal vez sí. Porque la catalanofobia es más antigua y está más arraigada que la euskalfobia. Con espejos como el de la encuesta hay motivos para que algún catalán dude entre votar no al Estatut para continuar yendo por las ciudades de España sin tener que pedir perdón por ser como es. Menos mal que siempre nos quedará algún extranjero que llegará a a casa y nos dará la razón histórica. ¿El Estatut? No nos convenía, diremos.



