Las otras "concesiones" a ETA
"Fuera del gobierno Aznar aseguró que jamás había dado instrucciones de negociar"
Un 19 de mayo de 1999, en la ciudad suiza de Zúrich, se producía un encuentro entre el secretario general de la Presidencia Javier Zarzalejos, el secretario de Estado de Seguridad, Ricardo Martí Fluxá, y el asesor personal de Aznar, Pedro Arriola. Enfrente, al otro lado de la mesa, nada menos que el jefe del aparato político de la banda, Mikel Antza (hoy en la cárcel), Vicente Goicoechea y Belén González Peñálva. Era el primer encuentro que el Gobierno Aznar mantenía con los terroristas y, según se supo después, los enviados de Aznar sólo estaban facultados para dialogar sobre la libertad, anticipada, de cuatrocientos presos de ETA a cambio de que el alto el fuego se convirtiera en una renuncia permanente a la violencia.
Un mes después, en el Congreso de los Diputados, Aznar reconoció este primer encuentro; dijo que suponía la apertura de un proceso y se comprometió a seguir dando los pasos para la consecución de la paz. No obstante no quiso precisar cuáles serían los pasos que pensaba dar para lograr el fin de la violencia. No pudo ser. El 26 de agosto la banda daba por suspendidas las negociaciones acusando al Gobierno de falta de discreción. Pero Aznar no tiró la toalla y, a principios de octubre, su ejecutivo decidió que 105 presos de ETA fueran trasladados a cárceles del País Vasco, entre ellos los que quisieron asesinar al Rey en el verano de 1995.
La decisión la explicó el entonces ministro del Interior Jaime Mayor Oreja, y la justificó diciendo que el Gobierno "quería la paz y sólo la paz"; que esta medida era una respuesta a ETA que llevaba quince meses sin cometer un solo asesinato. Mientras el Gobierno Aznar daba todos estos pasos, el entonces jefe de la oposición Joaquín Almunia prestó su apoyo a todas estas iniciativas y no se oyó ni una voz de la dirección del PSOE acusando al PP de "cesiones" a los terroristas. Años después Aznar, ya fuera del Gobierno, aseguró que jamás había dado a nadie instrucciones de negociar. Habría que preguntarle a Zarzalejos, Fluxá y Pedro Arriola qué fueron a hablar a Zúrich con el jefe de la banda de ETA y, cómo unas personas tan serias y tan cercanas a Aznar, se reunían con asesinos sin que lo supiera nadie.
A lo mejor así se refresca la memoria de los dirigentes del PP, y su portavoz parlamentario Eduardo Zaplana modera su lenguaje y se lo piensa dos veces antes de acusar al actual presidente Rodríguez Zapatero de dar la espalda a las víctimas y estar cerca de los terroristas.



