Según parece, a Lorca lo remataron de un pistoletazo en la nuca pues se resistía a morir el muy cabrón, se resistía…. Los verdugos regresaron a Granada –¿con prisa? ¿sin ella?– dejando los cadáveres descansando en una almohada de sangre. Ahora les tocaba a los enterradores, que tampoco debían andarse con muchos miramientos: un agujero donde cupieran los cuatro fiambres, uno encima de otro, y la tierra justa para cubrir esa vergüenza. Nada más.

Hay quien afirma que lo mataron por homosexual, una tesis grata por el franquismo pues alejaba el crimen del plano político; hubo homofobia de por medio, desde luego: recuérdese que Juan Luis Trescastro, uno de los ejecutores de Lorca, alardeaba de haberle descerrajado dos tiros en el culo "por maricón".

Poema para muertos
Las hierbas.
Yo me cortaré la mano derecha.
Espera.
Las hierbas.
Tengo un guante de mercurio y otro de seda.
Espera.
¡Las hierbas!
No solloces. Silencio, que no nos sientan.
Espera.
¡Las hierbas!
Se cayeron las estatuas
al abrirse la gran puerta.
¡¡Las hierbaaas!!