La afirmación vertida por Mariano Rajoy de que la causa del incidente de Chile entre Zapatero, el Rey y Chávez, hay que buscarla en las malas compañías del presidente del gobierno, nos obliga a una reflexión profunda sobre los inconvenientes del sistema democrático que da el poder sólo en función del número de votos, sin tener en cuenta otras consideraciones morales.
Lo ocurrido en Chile demuestra lo negativo de la alternancia política, donde el poder puede caer en manos de alguien que tiene la marca de Mefisto en las cejas.
Con Jose Mari, los amigos pasaban de la nada a dirigir las empresas públicas más importantes de España, y a ser copropietarios tras su privatización. Los amigos del cole amasaban una gran fortuna en un claro ejemplo de lo que es crear riqueza para los bolsillos inmediatos.
Sin embargo, los amigos de Zapatero, como Chávez, que estaba destinado a ser una persona decente y prestar un servicio destacado a la humanidad como tragasables en un circo, miembro numerario del opus dei, o elaborando informes sobre la bondad del cambio climático, terminan abrazando tesis demagógicas de reparto de riqueza y comportamientos de educación execrables. Chávez era un buen militar, incluso tenía devaneos golpistas, hasta que conoció a Zapatero y se satanizó. Zapatero es la mala compañía a la que una madre mira cuando le dicen que su hijo ha atracado una gasolinera con una escopeta recortada.
Por eso, en las comunidades autónomas sensatas, se desvían los fondos de educación hacia los colegios privados donde, además de seleccionar la compañía, se evita el contacto con emigrantes y los niños escapan de la educación aborregada de la progresía. Evitan así a sus padres el disgusto de tener que decirles: “¡Que te calles hombre!”.






Je je,
Me has alegrado el día, Sotnasol. También me alegra tu vuelta al ruedo.
Un forta abraçada.
Pues con tanta ironía encerrada alguno va a interpretar que eres amigo de JOSEMARI.
Cavilo yo.