Capitalismo ignorante
Hace unos dÃas, en este mismo periódico, una letras muy grandes recogÃan el pensamiento de un prÃncipe de la economÃa: "Nada volverá a ser como antes", nos advertÃa. Y de esas palabras se inferÃa que el apocalipsis estaba muy cercano
Desde Heráclito sabemos que todo pasa y nada es. Pero eso el capitalismo por lo visto lo ignoraba. Tantos años montados a lomos de la imperiosa necesidad del crecimiento y nadie habÃa admitido la posibilidad del estancamiento. No hace falta ser banquero para intuir que el dinero que ganan unos pocos es el resultado del empobrecimiento de muchos. Los prÃncipes de la economÃa suelen hacer profecÃas cuando estas ya son innecesarias, porque la realidad les ha dejado sin argumentos. "Nada volverá a ser como antes", dicen. Es una frase que intenta meternos el miedo en el cuerpo. Los poderosos han provocado esa catástrofe financiera y ahora de lo que se trata es de que entre todos asistamos a la pena colegiada.
En ámbitos más cercanos, el presidente de la Generalitat nos advierte de que van a ser las familias y la Administración las que van a pagar la codicia de unos banqueros lejanos y la irresponsabilidad de unos mecanismos de control que prefirieron no controlar nada. Al fin y al cabo son los mismos que tienen en sus manos el botón nuclear. Cabe esperar que al menos ahà los controles funcionen con mayor eficacia.
Pero regresemos a la frase de todos nuestros temores. Si se nos dice que nada volverá a ser como antes se nos está anunciando que vamos a ir a peor. Eso significa un llamamiento a la realidad del pasado. Las cosas nos iban bien y ahora la fiesta se acabó. ¿Éramos conscientes de esa prosperidad cuando la vivÃamos? ¿SabÃamos las causas últimas del lujo a nuestro alcance, de las vacaciones en Cancún, del cambio de coche cada dos años, del desprestigio del ahorro y del enaltecimiento del consumo, de la trampa del crédito fácil y de la frivolidad del "me lo merezco"? Es ahora, cuando el capitalismo asilvestrado le ha visto las orejas al lobo, que se nos viene a decir que la culpa fue nuestra, porque nos creÃmos autores de nuestra pequeña fortuna cuando en realidad solo éramos meros figurantes necesarios para consolidar los negocios de los verdaderos protagonistas del desastre.
Hagan un ejercicio de globalización y lleven ese titular a otras partes del mundo. DÃganles a las madres subsaharianas que ven morir a sus hijos de hambre que "nada volverá a ser como antes". Acudan con este mensaje a las chozas devastadas de Birmania o de HaitÃ. Comuniquen la profecÃa a los indigentes que se preparan para dormir en los agostados cajeros automáticos. A toda esa gente, que son muchos más que nosotros, les encantarÃa saber que nada va a volver a ser como antes, porque ellos llevan milenios instalados en el antes, esa miseria endémica sobre la que el primer mundo ha forjado sus cimientos de barro.
Estados Unidos va a desembolsar ahora 700.000 millones de dólares para salvar el sistema que ellos mismos han dejado pudrir. Tal vez de ese modo reflotarán nuestra pequeña hipoteca y resurgiremos tras unos años de penitencia, solo para que algún dÃa no tan lejano otro prÃncipe de la economÃa pueda decir que ya todo vuelve a ser como antes. También lo será el hambre de tanta gente que, a lo largo de la historia, no ha tenido un antes que lamentar porque siguen agonizando en la desigualdad de siempre.
Eso es lo que los privilegiados queremos ignorar.
Discurso final del "El gran dictador"
"Lo lamento, pero no quiero ser emperador; ese no es mi negocio. No quiero gobernar, ni gobernar a nadie. Me gustarÃa ayudar a todos si fuera posible: judÃos y gentiles, blancos y negros."
"Todos deberÃamos querer ayudarnos; asà son los seres humanos. Queremos vivir con la felicidad del otro, no con su angustia. No queremos odiarnos y despreciarnos, en este mundo hay sitio para todos, la tierra es rica y puede proveer para todos. El camino de la vida podrÃa ser libre y hermoso."
"Pero hemos perdido el camino. La codicia ha envenenado el alma de los hombres y ha construido barricadas de odio en el mundo. Nos ha hecho marchar a paso de ganso hasta la angustia y la sangre derramada. Hemos dominado la velocidad, pero estamos encerrados. La maquinaria que da abundancia nos ha dejado en la privación. Nuestra sabidurÃa nos ha hecho cÃnicos. Nuestro ingenio, duros y faltos de bondad. Pensamos demasiado, sentimos muy poco. Más que la maquinaria necesitamos humanidad., más que el ingenio, necesitamos bondad y amabilidad. Sin estas cualidades la vida serÃa violenta y todo estarÃa perdido"
Groucho Marx








Jo dijo
Me ha encantado este artÃculo. Dice verdades como puños. Pero los poderosos del sistema no contaban con el factor X. El factor X es el cambio climático. No se puede vivir eternamente en el paÃs de jauja sin haber asumido un mÃnimo de responsabilidad. Como el hombre moderno es un irresponsable, el hombre moderno va derecho a la ruina. Y no habrá una segunda oportunidad. SerÃa de ilusos pensar que el buen dios va a permitir que tropecemos de nuevo con la misma piedra.
Jo
30 Septiembre 2008 | 01:29 PM